martes, 3 de noviembre de 2015

De "Los Fantasmas del Puelmapu" publicado por Piriguazú Ediciones
Danilo Antón

Vidas, muertes y posteridades
Allá están, levitando en los horizontes lejanos de la pampa.
Puede que se les avizore arropados en ponchos de lana de vicuña, de tela, celestes y blancos, y ruanas coloradas.
Cuando uno logra adivinarlos sus siluetas se esfuman.
A veces puede uno jurar que son rápidos jinetes, que se sienten los cascos de los caballos trepidando contra el suelo de la pradera.
Hay mujeres que relucen como salamancas con un brillo lunar, hay niños que no logran llorar, cadáveres que flotan en las aguas de las nubes, y a la distancia, el grito de mil ranqueles que parecen provenir de los polvos de estrellas atravesando las brumas misteriosas.
Aunque muchos no se den cuenta, los fantasmas también están presentes en los espíritus de los vivos.
Alientan, previenen, flechan el alma.
Liberan pasiones, calman ansiedades.
Creemos ingenuamente que tomamos las decisiones por nuestro propio arbitrio.
Y eso no es totalmente cierto.
Atrás, adelante, arriba o impregnando la tierra están ellas y ellos,
las plantadoras mbeguá del delta, los pescadores de las orillas del Pará Guazú, los jinetes de Kalfukurá, las chinas charrúas de Cayastá, los montoneros de Facundo, Dorrego ensangrentado, los muertos de Orletti, cuerpos que caen desde los cielos, niños perdidos, aceguás guaraní de las guerras injustas, los fantasmas que aclaran y obnubilan.

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