martes, 22 de octubre de 2019

Ulrico Schmidl: la mejor descripción de los pueblos nativos de los ríos de la Plata y Paraná en momentos de la invasión española al sur de América
Los relatos de Ulrico Schmidl contienen las descripciones más detalladas de los pueblos que habitaban la cuenca de los ríos de la Plata y Paraná cuando se produjo la irrupción violenta de expedicionarios españoles en el sur del continente.
Ulrico Schmidl fue un soldado, viajero y cronista de origen alemán famoso por sus crónicas de su viaje con Pedro de Mendoza (1535) en ocasión de la frustrada primera fundación de Buenos Aires y luego durante la navegación del río Paraná hasta Paraguay en el grupo expedicionario español de con Juan de Ayolas (1537 y años siguientes). Su crónicas de viaje fueron publicadas en 1567 en alemán y en 1599 en latín. El título (en español) del relato era “Verídica descripción de varias navegaciones como también de muchas partes desconocidas, islas, reinos y ciudades... también de muchos peligros, peleas y escaramuzas entre ellos y los nuestros, tanto por tierra como por mar, ocurridos de una manera extraordinaria, así como de la naturaleza y costumbres horriblemente singulares de los antropófagos, que nunca han sido descriptas en otras historias o crónicas, bien registradas o anotadas para utilidad pública”.
Los principales pueblos descriptos por Schmidl son los siguientes:
Los chana- timbúes
Schmidl relata en forma ilustrativa la partida del grupo expedicionario desde Buenos Aires, su viaje de más de 400 kms (84 leguas) aguas arriba por el río, así como los principales rasgos de la nación chaná-timbú paranaense y la recepción que le ofrecieron los timbúes al llegar:
«Nuestro capitán Juan Ayolas mandó convocar los cuatrocientos
hombres de la tropa y los embarcó en los buques, y viajó aguas
arriba por el río Paraná. También viajó con nosotros nuestro supremo capitán general don Pedro Mendoza; y estuvimos en viaje durante dos meses, pues hay ochenta y cuatro, leguas desde donde
habíamos dejado los cuatro buques hasta el lugar donde habitan
los Timbús. Estos llevan en ambos lados de la nariz una estrellita,
hecha de una piedra blanca y azul, y son gente de cuerpo grande
y fornido.... La fuerza de los indios es mucha, como sabréis por mí
más adelante, y no comen otra cosa que carne y pescado: en toda
su vida no han comido otra comida. Se calcula que esta nación
tiene como quince mil hombres, más bien más que menos; tienen
canoas, iguales a esas que allá en Alemania se llaman barquitos,
y usan los pescadores. Estas canoas se hacen con un árbol y tienen
un ancho de tres pies en el fondo y un largo de ochenta pies.
Pueden viajar en ellas cualquiera sea el tiempo hasta diez y seis
hombres y todos deben remar; tienen remos como los que usan
los pescadores en Alemania, salvo que no son reforzados con hierro
en la punta de abajo.
Cuando llegamos con nuestros buques a cuatro leguas de su
pueblo, nos divisaron y vinieron a nuestro encuentro como en
cuatrocientas canoas, y en cada una había diez y seis hombres, y
se nos acercaron pacíficamente. Nuestro capitán regaló entonces
al indio principal de los Timbús, que se llamaba Cheraguazú, una
camisa y un birrete rojo, un hacha y otras cosas más de rescate. El
tal Cheraguazú nos condujo a su pueblo, y nos dieron carne y pescado hasta hartarnos; si este viaje hubiera durado diez días más,
todos nos hubiéramos muerto de hambre. Así y todo murieron,
durante ese viaje, cincuenta de los cuatrocientos hombres».
Los beguás
Los beguás o mbeguás eran probablemente pueblos chanás que
habitaban las islas y orillas del Paraná inferior, aguas debajo de los
timbúes, extendiéndose hacia el estuario platense e incluso hasta la
costa atlántica.
Hay una descripción de Roger Barlow, expedicionario con Gaboto,
de 1528, que señalaba que «sobre la costa de Santa Lucía y hasta
San Salvador hay ciertas generaciones de indios llamados biguais
y charnais que viven de la caza y de la pesca y no se comen unos a
otros.».
 Dos años después (1530) se conservan declaraciones de Juan de
Valdivieso, de la armada de Sebastián Gaboto en donde se señala
que se encontraron «dos canoas de indios de la nación de los beguales que vinieron a bordo de dicha nave capitana» y al preguntarle un intérprete de dicha nación de donde venían indicaron el Cabo Santa María (probablemente Punta del Este actual).
De acuerdo a esta información, los beguás se trasladaban habitualmente por vía marítima de un punto a otro de sus dominios tradicionales.
Es probable que otros pueblos procediesen de la misma
forma, y aunque no existen suficientes datos para asegurarlo es
razonable imaginar que este tipo de transporte y comunicación
sería habitual.
Los corondás
Los corondás eran una nación localizada unos veinte kilómetros
aguas arriba del país timbú, en las cercanías de la laguna del mismo
nombre, unos pocos kilómetros aguas arriba de la desembocadura
del río Carcarañá . De acuerdo a las descripciones, eran muy
semejantes a los timbú, tnato desde punto de vista de sus costumbres como de su lengua. La descripción de Schmidl es bastante elocuente.
«Zarpamos de ese puerto, que se llama Buena Esperanza, con
ocho bergantines, y después de un día de navegación, o sea
cuatro leguas de camino, llegamos a una nación que se llama
Corondá; también viven de pescado y carne y son aproximadamente
doce mil hombres adultos, de los que pueden guerrear, y
en todo son iguales a los Timbús. También tienen dos estrellitas
a ambos lados de la nariz; también son personas garbosas y las
mujeres feas, con arañazos azulados en la cara, tanto jóvenes
como viejas y tapan las vergüenzas con un trapo de algodón;
tienen estos indios muchos cueros curtidos de nutria y muchísimas
canoas. Y ellos compartieron con nosotros su escasez de
carne y pescado y cueros y otras cosas más; nosotros también del
mismo modo les dimos cuentas de vidrio, rosarios, espejos, peines,
cuchillos y otras cosas, y quedamos con ellos durante dos días.
También nos dieron dos indios Carios que tenían cautivos, por su
habla y para que nos enseñara en el camino
Los quiloazas
Los quiloazas habitaban en la zona fluvial del Paraná pocos kilómetros antes de llegar a la desembocadura del río Salado sobre la margen oriental del Paraná. Hablaban una misma lengua que los timbúes y corondás y tenían un género de vida comparable. Según Schmidl su número era muy grande (del orden de 100,000 habitantes o más).
Su descripción es ilustrativa.
«De ahí navegamos hasta llegar a una nación que se llama Quiloazas, que son alrededor de cuarenta mil hombres de guerra y comen pescado y carne; llevan también dos estrellitas en la nariz como los dichos Timbús y Corondás; las tres naciones hablan una misma lengua. Desde los antes nombrados Corondás hasta los Quiloazas hay treinta leguas de camino y éstos viven en una laguna que tiene unas seis leguas de largo y unas cuatro de ancho. Con ellos quedamos cuatro días:
también participamos su escasez, haciendo nosotros lo mismo. Estos indios habitan la orilla izquierda del Paraná.»
Los calchines
Eran los pueblos chanáes que habitaban en la desembocadura del río Salado sobre la banda occidental del río Paraná, a la altura de la actual ciudad de Santa Fe.
Por los datos existentes era una nación con fuerte parentesco con los otros pueblos chanáes del sur.
Los mocoretás
Los mocoretás habitaban en el tramo del río Paraná aguas arriba de
la desembocadura del río Guaquiraro. Al igual que todos los pueblos
chanáes mencionados anteriormente vivían sobre todo dela pesca y
la caza de mamíferos y otros animales acuáticos.
Eran bastante numerosos y de ellos dió una descripción vívida el
cronista Schmidl.
«De allí navegamos durante diez y seis días sin que encontráramos
ni viéramos gente alguna. En esto vinimos a dar a un pequeño río, que corre hacia el interior del país, donde encontramos reunida mucha gente que se llaman Mocoretá;. éstos no tienen para comer otra cosa que pescado y carne, sobre todo pescado. Estos indios son alrededor de diez y ocho mil guerreros; también tienen muchísimas canoas. Los Mocoretás nos recibieron muy bien a su manera y nos dieron la carne y pescado que precisábamos
durante los cuatro días que con ellos nos quedamos. Habitan en la otra orilla del Paraná, o sea en la orilla derecha, y hablan otra lengua; pero también llevan dos estrellitas en la nariz y son gente de cuerpo bien formado; las mujeres son feas como las antes mencionadas. Desde los Quiloazas hasta los Mocoretás hay sesenta y cuatro leguas de camino. Mientras estábamos con esos Mocoretás, casualmente encontramos en tierra una gran serpiente,
larga como de veinticinco pies, gruesa como un hombre y salpicada de negro y amarillo, a la que matarnos de un tiro de arcabuz. Cuando los indios la vieron se maravillaron mucho, pues nunca habían visto una serpiente de tal tamaño; y esta serpiente hacía mucho mal a los indios, pues cuando se bañaban estaba ésta en el río y enrollaba su cola alrededor del indio y lo llevaba bajo el agua y lo comía, sin que la pudieran ver, de modo que los indios no sabían cómo podía suceder que la serpiente se comiera a los indios. Yo mismo he medido la tal serpiente a lo largo y a lo ancho, de manera que bien sé lo que digo. Los Mocoretás tomaron ese animal, lo cortaron a pedazos, que llevaron a sus casas y se lo comieron asado y cocido»
Los chanás salvajes
Aguas arriba del país de los mocoretás, Schmidl dio testimonio de
una nación que él llamó «chanás salvajes». No sabemos cual sería
este grupo nativo, y ni siquiera es seguro que fueran efectivamente
«chanáes». Hay diferencias marcadas con otros pueblos chanáes que se extenderían incluso a su propia apariencia física.
Si bien la descripción de Schmidl dificulta su identificación, se les
puede relacionar con los caingang (tapuyas de la costa de Brasil) y,
de acuerdo a ciertas referencias, con los yaros.
«De allí partimos de nuevo y navegamos por el río Paraná durante
cuatro jornadas, y hasta que llegamos a una nación que se llama
Chaná-Salvajes; son bajos y gruesos y no tienen más comida que
carne, pescado y miel. Las mujeres llevan sus vergüenzas al aire:
todos, hombres y mujeres, andan completamente desnudos, tal
como Dios Todopoderoso los ha puesto en el mundo. La carne
que comen es de venados, puercos salvajes y avestruces; también
de unos conejos que son iguales a una rata grande, salvo que no
tienen cola. Permanecimos con ellos solamente una noche, pues
no tenían nada que comer: hacía cinco días que habían venido al
río Paraná para pescar y guerrear con los Mocoretá. Es una gente
igual a los salteadores que hay en Alemania: roban y asaltan y luego
vuelven a su guarida. Después que dejamos a los Mocoretás,
anduvimos durante cuatro días, o sea unas diez y seis leguas, antes
de encontrar a los Chaná-Salvajes, que habitualmente viven
tierra adentro, a veinte leguas del río, para que los Mocoretás no
los asalten. Estos Chaná-Salvajes son unos dos mil guerreros.»
Los mapenis o mepenes
Los mapenis o mepenes eran pueblos litorales que vivian en las cercanías de la confluencia de los ríos Paraguay y Paraná. La descripción de Schmidl es insuficiente para identificarlos por lo que no sabemos si eran efectivamente un pueblo de etnia chaná- arawak.
Su número parece indicar que tenían fuentes abundantes de  alimentación, seguramente pesca y caza abundante, recolección en zonas de gradiente ecológico y cultivos de numerosas especies y variedades.
La descripción de Schmidl reza como sigue:
«De allí navegamos hasta encontrar una nación que se llama Mapenis y son muchísimos, aunque no viven agrupados; pero en dos días pueden reunirse en el río y la tierra. Se calcula que son cien mil hombres y tienen una tierra como de cuarenta leguas a la
redonda. También tienen más canoas que cualquier nación que
hasta aquí hubiéramos visto y en una canoa pueden viajar hasta
veinte personas. Nos recibieron belicosamente –había en el río
más de quinientas canoas–, pero dichos Mapenis no consiguieron
gran cosa y con nuestros arcabuces herimos y dimos muerte a
muchos, pues nunca habían visto antes ni cristianos ni arcabuces
y tuvieron gran espanto. Cuando llegamos a su aldea, no pudimos
tomarles nada, pues había una legua desde el Paraná, donde
habíamos dejado los buques, y solamente encontramos doscientas
cincuenta canoas, que quemamos y destrozamos totalmente.
Tampoco quisimos alejarnos mucho de nuestros buques, porque
recelábamos que nos atacarían de otro lado. Así volvimos nuevamente a nuestros buques, los antes nombrados Mapenis solamente saben guerrear sobre el agua. Desde los Chaná-Salvajes hasta estos Mapenis, hay noventa y cinco leguas de camino.»
Reproducido de "Los Pueblos del Jaguar", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

No hay comentarios: