viernes, 19 de febrero de 2016

Los Chanáes, pueblos canoeros del Sur de América

D.Antón
Los chanáes eran pueblos de pescadores y cazadores de mamíferos y otros animales acuáticos, que se desplazaban en canoas hechas a partir de troncos de árboles ahuecados y que vivían en aldeas protegidas por empalizadas en zonas no inundables del delta o la llanura aluvial del Paraná.
Eran naciones de carácter pacífico, que fueron rápidamente controladas por los invasores, quienes procuraron organizar encomiendas o reducciones para una mejor explotación de su trabajo. Las encomiendas fracasaron debido a las mortandades y fugas, mientras que las reducciones, que perduraron algún tiempo, también se fueron extinguiendo gradualmente por razones análogas.
Algunas reducciones continuaron por un período mayor, como es el caso de Santo Domingo de Soriano, que fuera constituída en la banda occidental del Uruguay durante el siglo XVII, con chanáes traidos desde el Paraná, . En las décadas siguientes las familias de Santo Domingo fueran trasladadas a la isla del Vizcaíno en la margen oriental del Uruguay, y finalmente, ya en el siglo XVII, fue situada en la ubicación actual, al sur de la desembocadura del río Negro.
Desde el punto de vista étnico, los chanáes del Paraná estaban emparentados con otros pueblos chanáes (también llamados arawak), localizados en el Paraguay medio (chaná- guanáes), en el pie de monte andino de la actual provincia boliviana de Santa Cruz (chanés), en el Chaco boreal (mojos y baures), en la Chapada dos Parecís (parecís) y en otras zonas del continente.

Los timbúes
Los timbúes eran una de las naciones chaná más numerosas del valle inferior del Paraná. Su población era del orden de 15,000 individuos, tal vez más.
Habitaban en ambas márgenes y en las islas del delta (que compartían con otros grupos: guaraníes y charrúas).
Debido a las características dominantemente acuáticas de la región deltaica y zonas aledañas, su actividad principal era la pesca y la caza de mamíferos y aves acuáticas.
Navegaban los canales entre las islas con canoas construidas a partir de troncos de árboles. Según Schmidl había por lo menos unas cuatrocientas canoas, que eran propulsadas por unos 16 remeros cada una (lo cual equivale a más de 6,000 remeros en total)
Los suelos del delta y llanuras aluviales paranaenses son frecuentemente arenosos y por tanto no es posible desarrollar actividades agrícolas significativas. Por esa razón, los invasores encontraron pueblos que no practicaban el cultivo de la tierra en forma aparente.
Esto se aplica a otros pueblos que habitaban la misma región, como los charrúas y querandíes, y en menor grado a los guaraníes.
De todos modos, los hallazgos arqueológicos recientes permitieron desenterrar una industria alfarera que incluye abundantes platos grandes que indicarían «la existencia de una economía basada en el cultivo de la mandioca».

Los chana- timbúes de acuerdo a Schmidl
Schmidl relata en forma ilustrativa la partida del grupo expedicionario desde Buenos Aires, su viaje de más de 400 kms (84 leguas) aguas arriba por el río, así como los principales rasgos de la nación chaná-timbú paranaense y la recepción que le ofrecieron los timbúes al llegar:
«Nuestro capitán Juan Ayolas mandó convocar los cuatrocientos hombres de la tropa y los embarcó en los buques, y viajó aguas arriba por el río Paraná. También viajó con nosotros nuestro supremo capitán general don Pedro Mendoza; y estuvimos en viaje durante dos meses, pues hay ochenta y cuatro, leguas desde donde habíamos dejado los cuatro buques hasta el lugar donde habitan los Timbús. Estos llevan en ambos lados de la nariz una estrellita, hecha de una piedra blanca y azul, y son gente de cuerpo grande y fornido.... La fuerza de los indios es mucha, como sabréis por mí más adelante, y no comen otra cosa que carne y pescado: en toda su vida no han comido otra comida. Se calcula que esta nación tiene como quince mil hombres, más bien más que menos; tienen canoas, iguales a esas que allá en Alemania se llaman barquitos, y usan los pescadores. Estas canoas se hacen con un árbol y tienen un ancho de tres pies en el fondo y un largo de ochenta pies. Pueden viajar en ellas cualquiera sea el tiempo hasta diez y seis hombres y todos deben remar; tienen remos como los que usan los pescadores en Alemania, salvo que no son reforzados con hierro en la punta de abajo.
Cuando llegamos con nuestros buques a cuatro leguas de su pueblo, nos divisaron y vinieron a nuestro encuentro como en cuatrocientas canoas, y en cada una había diez y seis hombres, y se nos acercaron pacíficamente. Nuestro capitán regaló entonces al indio principal de los Timbús, que se llamaba Cheraguazú, una camisa y un birrete rojo, un hacha y otras cosas más de rescate. El tal Cheraguazú nos condujo a su pueblo, y nos dieron carne y pescado hasta hartarnos; si este viaje hubiera durado diez días más, todos nos hubiéramos muerto de hambre. Así y todo murieron, durante ese viaje, cincuenta de los cuatrocientos hombres».

Los beguás
Los beguás o mbeguás eran probablemente pueblos chanás que habitaban las islas y orillas del Paraná inferior, aguas abajo delos timbúes, extendiéndose hacia el estuario platense e incluso hasta la costa atlántica.
La presencia de beguás ha sido constatada en la zona de
Hay una descripción de Roger Barlow, expedicionario con Gaboto, de 1528, que señalaba que «sobre la costa de Santa Lucía y hasta San Salvador hay ciertas generaciones de indios llamados biguais y charnais que viven de la caza y de la pesca y no se comen unos a otros30
Dos años después (1530) se conservan declaraciones de Juan de Valdivieso, de la armada de Sebastián Gaboto en donde se señala que se encontraron «dos canoas de indios de la nación de los beguales e vinieron a bordo de dicha nave capitana» y al preguntarle un intérprete de dicha nación de donde venían indicaron el Cabo Santa María (probablemente Punta del Este actual). 31
De acuerdo a esta información, los beguás se trasladaban habitualmente por vía marítima de un punto a otro de sus dominios tradicionales. Es probable que otros pueblos procediesen de la misma forma, y aunque no existen suficientes datos para asegurarlo es razonable imaginar que este tipo de transporte y comunicación sería habitual.

Los corondás
Los corondás eran una nación localizada unos veinte kilómetros aguas arriba del país timbú, en las cercanías de la laguna del mismo nombre, unos pocos kilómetros aguas arriba de la desembocadura del río Carcarañá . De acuerdo a las descripciones, eran muy semejantes a los timbú, tnato desde punto de vista de sus costumbres como de su lengua. La descripción de Schmidl es bastante elocuente.
«Zarpamos de ese puerto, que se llama Buena Esperanza, con ocho bergantines, y después de un día de navegación, o sea cuatro leguas de camino, llegamos a una nación que se llama Corondá; también viven de pescado y carne y son aproximadamente doce mil hombres adultos, de los que pueden guerrear, y en todo son iguales a los Timbús. También tienen dos estrellitas a ambos lados de la nariz; también son personas garbosas y las mujeres feas, con arañazos azulados en la cara, tanto jóvenes como viejas y tapan las vergüenzas con un trapo de algodón; tienen estos indios muchos cueros curtidos de nutria y muchísimas canoas. Y ellos compartieron con nosotros su escasez de carne y pescado y cueros y otras cosas más; nosotros también del mismo modo les dimos cuentas de vidrio, rosarios, espejos, peines, cuchillos y otras cosas, y quedamos con ellos durante dos días. También nos dieron dos indios Carios que tenían cautivos, por su habla y para que nos enseñara en el camino.»

Los quiloazas
Los quiloazas habitaban en la zona fluvial del Paraná pocos kilómetros antes de llegar a la desembocadura del río Salado sobre la margen oriental del Paraná. Hablaban una misma lengua que los timbúes y corondás y tenían un género de vida comparable. Según Schmidl su número era muy grande (del orden de 100,000 habitantes o más).
Su descripción es ilustrativa.
«De ahí navegamos hasta llegar a una nación que se llama Quiloazas, que son alrededor de cuarenta mil hombres de guerra y comen pescado y carne; llevan también dos estrellitas en la nariz como los dichos Timbús y Corondás; las tres naciones hablan una misma lengua. Desde los antes nombrados Corondás hasta los Quiloazas hay treinta leguas de camino y éstos viven en una laguna que tiene unas seis leguas de largo y unas cuatro de ancho. Con ellos quedamos cuatro días: también participamos su escasez, haciendo nosotros lo mismo. Estos indios habita en la orilla izquierda del Paraná.»
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Los calchines
Eran los pueblos chanáes que habitaban en la desembocadura del río Salado sobre la banda occidental del río Paraná, a la altura de la actual ciudad de Santa Fe.
Por los datos existentes era una nación con fuerte parentesco con los otros pueblos chanáes del sur.

Los mocoretás
Los mocoretás habitaban en el tramo del río Paraná aguas arriba de la deembocadura del río Guaquiraro. Al igual que todos los pueblos chanáes mencionados anteriormente vivían sobre todo dela pesca y la caza de mamíferos y otros animales acuáticos.
Eran bastante numerosos y de ellos dió una descripción vívida el cronista Schmidl.
«De allí navegamos durante diez y seis días sin que encontráramos ni viéramos gente alguna. En esto vinimos a dar a un pequeño río, que corre hacia el interior del país, donde encontramos reunida mucha gente que se llaman Mocoretá;. éstos no tienen para comer otra cosa que pescado y carne, sobre todo pescado. Estos indios son alrededor de diez y ocho mil guerreros; también tienen muchísimas canoas. Los Mocoretás nos recibieron muy bien a su manera y nos dieron la carne y pescado que precisábamos durante los cuatro días que con ellos nos quedamos. Habitan en la otra orilla del Paraná, o sea en la orilla derecha, y hablan otra lengua; pero también llevan dos estrellitas en la nariz y son gente de cuerpo bien formado; las mujeres son feas como las antes mencionadas. Desde los Quiloazas hasta los Mocoretás hay sesenta y cuatro leguas de camino. Mientras estábamos con esos Mocoretás, casualmente encontramos en tierra una gran serpiente, larga como de veinticinco pies, gruesa como un hombre y salpicada de negro y amarillo, a la que matarnos de un tiro de arcabuz. Cuando los indios la vieron se maravillaron mucho, pues nunca habían visto una serpiente de tal tamaño; y esta serpiente hacía mucho mal a los indios, pues cuando se bañaban estaba ésta en el río y enrollaba su cola alrededor del indio y lo llevaba bajo el agua y lo comía, sin que la pudieran ver, de modo que los indios no sabían cómo podía suceder que la serpiente se comiera a los indios. Yo mismo he medido la tal serpiente a lo largo y a lo ancho, de manera que bien sé lo que digo. Los Mocoretás tomaron ese animal, lo cortaron a pedazos, que llevaron a sus casas y se lo comieron asado y cocido».
De "Las Primeras Naciones del Sur", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.

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