miércoles, 24 de febrero de 2016

La desnaturalización de los vinos

Si bien se piensa que la destilación del alcohol es un fenómeno relativamente tardío desde el punto de vista histórico, hay referencias a probables preparaciones destiladas anteriores a su difusión generalizada europea en los siglos XIV y XV d.e.c.

Existen registros chinos del siglo IV d.e.c. que mencionan vinos puros y claros fermentados hasta nueve veces. Probablemente el cronista está describiendo indirectamente un proceso de destilación. En todo caso, si bien la destilación de bebidas fermentadas debió haber existido en muchos lugares y épocas, la práctica no se difundió en forma general hasta que se dieron las condiciones sociales e históricas para que ello ocurriera en las sociedades europeas de los siglos XV y XVI.
Según algunas referencias históricas el «descubrimiento» del alcohol destilado tuvo lugar en el siglo XIII d.e.c., y fue obra de un alquimista mallorquino llamado Ramón Llull. Supuestamente, en su búsqueda del elixir de la vida, Llull logró preparar el aqua vini o aqua vita de la cual decía «su gusto excede el de todos los otros gustos y el aroma todos los demás aromas».
Una vez que el procedimiento de destilación fue conocido, su difusión en la Europa de los siglos XIV y XV habría de cambiar completamente el rol que cumplían las bebidas alcohólicas en las sociedades europeas y mundiales.
Fue a principios del siglo XIV que comenzaron a extenderse las plantaciones de caña de azúcar en Andalucía, y a mediados del siglo XV ya había extensos cultivos de caña en Madeira, colonizada por Portugal, y en algunas de las islas Canarias, recientemente conquistadas a sangre y fuego por el Reino de Castilla. Poco tiempo después, los portugueses establecieron plantaciones en la isla de Santo Tomé, en el Golfo de Guinea, utilizando mano de obra esclava secuestrada en las regiones continentales vecinas.
Alrededor del año 1500, los españoles invadieron las islas tainas de América (sobre todo Santo Domingo, Cuba y Puerto Rico), y los portugueses comenzaron a instalar numerosas plantaciones en Brasil. En ambos casos se utilizó mano de obra esclava nativa y africana.

Una parte importante del azúcar se destinó a la fabricación de aguardientes de variados tipos, que en volúmenes enormes habrían de invadir los países europeos, acelerando el proceso de alcoholización, masculinización, devaluación femenina y entorpecimiento general del continente.
En América el efecto fue diferente. Los europeos utilizaron el alcohol para «desarmar» culturalmente las sociedades nativas americanas. Las Primeras Naciones de América habían desarrollado complejísimos sistemas ceremoniales y sociales para la preparación e ingestión de muchas sustancias provenientes de plantas psicoactivas: el peyote, la ayahuasca, la coca, la yerba mate, el tabaco. Si bien consumían «vinos» de diversos tipos ( por ejemplo las «chichas» de maíz y de mandioca), no conocían las bebidas destiladas, y su aparición repentina dió lugar a una desarticulación general de valores y prácticas.
Muchas sociedades nativas americanas, tradicionalmente matriarcales, sufrieron una masculinización acelerada y una expansión generalizada del ego individual. En muchos lugares, apareció la violencia contra la mujer, se devaluó el rol de ésta, las jerarquías femeninas perdieron autoridad, y por sobre todas las cosas, se generó una pérdida profunda de autoestima individual y colectiva que dura hasta nuestros días.
Las armas más efectivas que utilizaron los europeos para conquistar América no fueron las de fuego y pólvora. Mucho más eficaces fueron las aguardientes, las «aguas de la vida», que bien podrían ser llamadas, «aguas de la muerte».



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